Desde sus inicios, la publicidad ha simultaneado en su discurso:
- Un nivel funcional en el que se predican las cualidades de los productos anunciados (sus ingredientes, los resultados que pueden esperarse de su utilización, las condiciones y requisitos para esa utilización).
- Un nivel simbólico en el que se construyen y/o reproducen estereotipos sobre las personas que consumen y utilizan (o que pueden consumir y utilizar) dichos productos.
Por otra parte, en el caso de las mujeres, es muy evidente que la construcción de su imagen publicitaria no se produce sólo en los mensajes dirigidos a las mujeres como compradoras, consumidoras o simplemente prescriptoras de productos. También, de modo muy importante, las mujeres aparecen como elemento de atracción en productos dirigidos específicamente a los hombres o caracterizados por un amplio espectro de demanda.
Para las organizaciones sociales que nos dedicamos a denunciar y perseguir la publicidad ilícita, es cada vez más importante no limitarnos a la procura de la veracidad de la comunicación comercial, circunscrita a la dimensión funcional del discurso publicitario, sino defender también que los mensajes publicitarios respeten en su dimensión simbólica la dignidad de las personas que los protagonizan y los reciben. valores funcionales aporten poco valor añadido a dichas ofertas salvo en el caso de nuevos bienes y servicios, ya que por un lado las características de los productos son suficientemente conocidas y por otro sus ventajas competitivas son fugaces en la medida en la que cualquier innovación de un oferente es rápidamente imitada por sus competidores.
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